Vulnerabilidad

¿Se hace cargo de su tiempo la institución “Protección Civil”, y piensa contemporáneamente en el interior de su época post-metafísica, o todavía distingue entre lo natural y lo artificial; dicho en otras palabras, lo que llamamos “riesgos antrópicos”?

Veamos la interpretación de Oxfam, de las asimetrías económicas en las que nos hallamos:

  • En 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 personas).
  • La riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en un 44% en apenas cinco años, algo más de medio billón de dólares (542.000 millones) desde 2010,hasta alcanzar 1,76 billones de dólares.
  • Mientras tanto la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, un desplome del 41%.
  • Desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos de l 1% más rico.
  • Los ingresos medios anuales del 10% más pobre de la población mundial, en quienes se concentran pobreza, hambre y exclusión, han aumentado menos de tres dólares al año en casi un cuarto de siglo. Sus ingresos diarios han aumentado menos de un centavo al año.

Estos potenciales de vulnerabilidad son de tal calibre, y de consecuencias tan imprevisibles, que da pavor pensar que la protección civil (entendida en un sentido amplio) pueda ser cada vez más, un pequeño apéndice de los ya delimitados y reducidos poderes de los estados nacionales actuales.

No nos parece descabellado, a la vista de estos y otros fenómenos complejos (algunos autores lo han señalado, especialmente en Estados Unidos con el caso Katrina) que las llamadas catástrofes (¿naturales?) puedan llegar a convertirse (ya  tenemos precedentes) en mecanismos de gestión y limpieza de los sobrantes o superfluos, siendo prescindibles y dejados a su suerte.

Si lo anterior es una conjetura razonable, la institución Protección Civil, y todas las agencias bajo su paraguas, deberían hacerse valer, entrar en el debate como parte responsable, y requerir los medios adecuados para hacer frente a estas futuras contingencias que podemos ya imaginar y anticipar para el futuro. A eso, en un estado civilizado y que se quiera llamar mínimamente democrático, es a lo que llamamos PREVENCIÓN.

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