Seguir órdenes nos hace sentirnos más irresponsables

Leo que un grupo de investigadores liderado por Patrick Haggard (University College de Londres, Reino Unido) ha tratado de comprender los mecanismos observados por Milgram.

La cuestión es que, como es bien sabido, especialmente por los servicios de inteligencia (y mucho, mucho antes por los filósofos):

el sujeto se mueve en la dirección que uno quiere por razones que piensa que son propias.

Por lo tanto, es posible dar órdenes de modo que el que obedece no las perciba como tales.

Esto tiene muchas implicaciones para una teoría del mando y control, pero en la legislación, documentos, planes, etc, se sigue hablando directa o veladamente del principio de jerarquía porque en el fondo se sigue preso de los viejos esquemas top-down,  que se manifiestan, en escenarios de alta complejidad, y gran presión temporal, totalmente contrafácticos, como han demostrado los grandes incidentes recientes.

En la cadena de mando clásica, en un escenario complejo y gran presión temporal, se supone que un mando recibe gran cantidad de información, la analiza, y toma una decisión. La cosa llega al punto en el que debido a la desincronización entre la decisión y el estado de cosas efectivo, suele aparecer la improvisación de las unidades de intervención. Son éstas las que se ajustan dinámicamente al estado de cosas. No debemos ver la improvisación como una deficiencia, como un error; lo que tenemos que hacer es prepararnos también para la improvisación, analizar con qué recursos podemos contar en un escenario de improvisación (por ejemplo, testigos presenciales adecuadamente dirigidos), y cómo preparar a los intervinientes para que puedan imaginar cómo podrían integrar sus acciones tácticas hacia el nivel estratégico (aquí nos moveríamos ya en dirección down-top) sobre todo cuando las órdenes que reciben son manifiestamente contrafácticas. En esta situación, desobedecer una orden asíncrona, puede significar actuar correctamente. En suma, queremos unidades de intervención inteligentes y responsables, capaces de adaptarse a las circunstancias cuando el flujo de información falla.

Habría que analizar si el principio de jerarquía y el mando unificado es un mito impropio de una sociedad-red, y si lo es, por qué no se actúa en consecuencia en el campo de la protección civil. Pero en el reino de taifas de la protección civil en España, es difícil imaginar cómo evitar la proliferación de lo mismo, para lo mismo. La mayor parte de la energía y de los recursos (como sabemos) se invierten en la autoconservación del status quo. Es, dicho claramente, la inercia intrínseca y reactiva del poder político y sus intereses, en todos sus niveles de manifestación.

Quizá otro día, con más tiempo, hablemos con más detalle de estos temas…

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